15/05/1914: Nacía un campeón olímpico de Berlín, OSCAR CASANOVAS

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Escrito por Administrator Martes, 04 de Junio de 2019 13:32

 

20190604Idolos Porteos

 

Oscar Casanovas nació en el barrio porteño de Parque Patricios el 15 de mayo de 1914. A los doce años, todavía chiquilín y rubión, empezó a aprender boxeo en el Boedo Boxing Club, que entonces estaba en Boedo y Las Casas. Nacido para la esgrima de los puños, pronto se advirtió que estaba dotado de una habilidad singular, lo que se corroboró, años después, cuando se coronó Campeón Olímpico en Berlín 1936.

Oscar jugó al fútbol en el Club Atlético Huracán, donde actuó en la 6º División, cuya delantera estaba integrada con Belfiore, Baldonedo (el gran Emilio), Casanovas, Correa  y Adolfo Pedernera.

Pero fue obviamente el boxeo el deporte que lo convocó para sus mayores logros. Su récord como amateur es sencillamente magnífico. En diez campeonatos, de los muchos en que participó, vio alzar su mano como el mejor. Cuatro de esos títulos son de categoría continental, siendo uno de sus mayores orgullos que nunca perdió fuera de la Ciudad de Buenos Aires.

Algunos mojones de su carrera:

1932: Campeón rioplatense en Montevideo, categoría mosca. En 1932 también ganó el Campeonato de la Ciudad de Buenos Aires, categoría mosca. Y se consagró Campeón Latinoamericano, en Río de Janeiro, peso gallo.

1934: Campeón Nacional pluma. Luego Campeón Sudamericano pluma, con participación de cinco naciones.

1935: Vuelve a clasificarse Campeón Nacional pluma y, en Córdoba, Campeón Latinoamericano, categoría pluma.

1936: Campeón nacional pluma. Y sobre todo, alcanza el mayor éxito de su carrera, cuando gana la medalla de oro de Boxeo peso pluma, en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Oscar Casanovas ganó todas sus peleas y batió en la final al sudafricano Charles Catteral. Fue considerado por el periodismo alemán el boxeador más técnico de los Juegos Olímpicos.

Luego comenzó su récord profesional.

 

EL OSCAR DEL LUNA PARK

 

El flamante campeón olímpico debutó como profesional frente al italiano Mario Gualandri, a 12 rounds en el Luna Park. Había llegado la hora de una exposición pública demandada por la admiración social que su figura despertaba.

El cine argentino vio en Casanovas a un elemento que unido a su enorme popularidad, poseía espontánea simpatía y desenvoltura. De ahí entonces su actuación en la película "Mateo", sobre la obra teatral de Don Armando Discépolo, obviamente de producción nacional. Fue la primera película dirigida por Daniel Tinaire, en 1937. El elenco era encabezado por Luis Arata y Enrique Santos Discépolo, Discepolín. La produjo Baires y la distribuyó la Paramount.

Oscar se retiró en 1940 tras una reducida campaña profesional de 7 peleas, en la que venció al campeón argentino, Vital Coccio. El motivo de su apresurado retiro fue una lumbalgia que no pudo curarse.

El total de su campaña fue de 170 peleas, con 160 ganadas, 5 empatadas y 5 perdidas.

Durante varios años se desempeño como presidente de la Asociación Mutual Casa del Boxeador. Entre otras entidades se desempeñó como profesor en Huracán, el club de sus amores, del que llegó a ser orgulloso socio vitalicio. De su gimnasio surgieron valores como el peso pesado Pablo Zam y el olímpico pluma Francisco Núñez. Entre sus dirigidos más destacados estuvieron nada menos que Alfredo Prada, el gran Campeón argentino y Sudamericano, el inolvidable Luis Federico Thompson y el Campeón Mundial Víctor Galíndez.

Oscar Casanovas falleció en Buenos Aires a la edad de 74 años. Fue un luchador incansable por el bien del boxeo nacional.

 

“POR SUERTE, YO SEGUÍA SOÑANDO”

 

Esto escribió Oscar Casanovas, cuando se consagró Campeón olímpico en Berlín:

“Emoción... Alegría... y dos lágrimas de felicidad. ¡Qué día maravilloso tuve en mi vida! Jamás me olvidaré del 16 de agosto de 1936, que fue el día que sentí tantas cosas lindas en mi corazón. Cumpliendo mi máxima aspiración de deportista al conquistar para mi patria el título de CAMPEON MUNDIAL DE BOX EN

LAS OLIMPIADAS REALIZADAS EN BERLIN.

¡Pero antes de esa fecha había muchos soñadores! ¡Cada día se desvanecían esperanzas! ¡Y yo por suerte seguía soñando! Y yo que era un muchacho argentino, que cada día realizaba una pelea... y cada pelea una victoria.... y cada victoria un paso más hacia la dicha. Había vencido el 12, el 13, el 14 y el 15 de agosto a los representantes de Finlandia, Polonia, Hungría y Sudáfrica respectivamente. Al día siguiente de la final, o sea el 16 de agosto, me coronaron CAMPEÓN OLIMPICO. En el centro y en la parte más alta de la tarima estaba yo... Me habían entregado la medalla de oro, el simbólico roble y un libro. Segundos después oía el Himno Nacional Argentino... Mi bandera subía...subía lentamente.. Me parecía más blanca y más azul mi bandera... Y el himno nuestro más lindo que nunca... Mientras tanto no pude contener dos lágrimas... Dos perlas que volaron al Parque Patricios en busca de mis queridos padres, para darles las gracias por haberme dado la vida. ¡Ahora sí que era feliz! Había cumplido con mi patria, con mis padres, con mis amigos.  ¡Que más podía pretender!  Y si en ese momento me hubiera sorprendido la muerte la habría recibido con una sonrisa en los labios”.

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor Lupo

Mayo de 2019

http://www.elmundoamateur.com.ar/. 

 
03/05/1927 - ARMANDO BELIVET PINO: Un gran maratonista argentino

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Escrito por Administrator Martes, 04 de Junio de 2019 13:17

 

20190604APINOtapa de El Grfico

“Ningún periódico argentino quiso recoger su necrológica pero este silencio que ha habido para su muerte, prueba simplemente que murió en su ley” escribía don Arturo Jauretche sobre la muerte de uno de los más grandes pensadores de nuestra Nación, el tucumano José Luis Torres. Este silencio sigue vigente como mecanismo del“ninguneo” sobre Torres y sobre su mejor alumno, otro tucumano como fue Alejandro Olmos.

Con el paso del tiempo, pasa con muchos de nuestros héroes populares,hay pocas cosas para encontrar sobres ellos porque se fueron perdiendo u olvidando. Y en nuestro deporte tucumano, puede ser esto lo que le pasó al comprovinciano, Armando B. Pino, quién fueuno de los grandes atletas de fondo de la década del ’50 en nuestro país, en simultaneidad de su apogeo con la presencia de dos "gigantes" en el rubro como Osvaldo Suárez y Walter Lemos.

Argentina contó, en una prueba (Maratón), con dos campeones olímpicos como Juan Carlos Zabala (1932) y Delfo Cabrera (1948) y un subcampeón olímpico, Reinaldo Gorno (1952), estos dos últimos casi en la misma generación que Pino.

Nacido un 3 de mayo de 1927, en el poblado Los Guayacanes, ciudad Villa Alberdi (hoy Departamento Juan Bautista Alberdi), provincia de Tucumán. Hijo de una muy humilde familia, a los 14 años de edad, apenas terminada la escuela primaria, decidió emprender el largo periplopara vivir en la gran urbe de Buenos Aires, como muchos de sus comprovincianosen busca del bienestar que comenzaba a aparecer con la incipiente industrialización del país. Allí quedaron en su pueblito llorándolo su madre Fernanda Villagra y sus dos hermanas.

SUS COMIENZOS EN EL ATLETISMO

Como todo joven de la época se daba tiempo para practicar deporte pese a tener que trabajar (en dos lugares) para poder sobrevivir. Así comenzó a participar en las pruebas callejeras, (Para ser el sucesor natural de otro gran atleta, Humberto Delgado el “Suri Tucumano”.) que se organizaban en distintos clubes y barrios como atleta libre, hasta que con el tiempo fue invitado a federarse.

Seguramente su notoriedad deportiva, le permitió obtener un empleo en el Correo y Telecomunicaciones. Al menos en un tiempo fue cartero y muy orgulloso andaba en su bicicleta entregada por el trabajo, repartiendo las cartas a domicilio. Y va de suyo que fue ganador de la carrera que se disputaba entre ellos (los empleados del Correo Argentino) por las calles de Buenos Aires. Y durante un largo tiempo representó al club Comunicaciones en las carreras.

Pino se hizo muy amigo de Gumersindo González, el entrenador de fondo del Club Independiente de Avellaneda y que tenía entre sus discípulos a Osvaldo Suárez.

Para calibrar la trayectoria deportiva de Armando Pino, hay que enmarcarlo en la Argentina entre las décadas del ‘30 al sesenta. Sus corredores de larga distancia (los fondistas) dominaron durante esa época los escenarios sudamericanos, panamericanos e iberoamericanos, y aún los europeos. El momento culminante de esa etapa, fue el segundo lustro de la década del cincuenta. Y allí entre los grandes, “Pinocho”, como lo apodaban a Pino sus amigos, era el tercero en discordia con las dos figuras de nivel mundial, que tenía el país en ese momento: Osvaldo Suárez y Walter Lemos.

 

20190604PINOCHO

 

SUS CARRERAS

El  9 de enero de 1955, en la  prueba de 32 kilómetros alrededor del Lago de Palermo, selección para los juegos Panamericanos de Méjico, primero fué Raúl Ibarra con 1 h 57’ 23”, 2º Pino 2 h. 00’ 24” y 3º Melchor Palmeiro. Nos contaba Don Ezequiel Bustamante, que por el calor reinante, esta fue una prueba durísima.

El  14 de agosto de 1955, en una Media Maratón (21 Kms.): 1º fué Palmeiro con 1 h. 09  07 “, 2º llegó  Pino 1 h. 11’ 12” y 3º Ibarra con 1 h. 11’ 13.

Ese año Armando Pino ganó la Maratón de los Barrios de la Revista “El Gráfico”, una de las pruebas más importantes de la Argentina. En esa época la prueba era para no ganadores.

Sobre esta carrera nos contó Walter Lemos lo siguiente: “Era la tarde previa de esa prueba y después del entrenamiento, algunos de los muchos atletas que se entrenaban en el Parque Dominico, se fueron a tomar algo fresco al bar que aún está en la Av. Mitre y Boulevard de los Italianos, de la ciudad de Avellaneda. Allí le preguntaron a Pino si iba a correr al otro día. Contestó que no. Y allí lo dejaron. A la mañana siguiente, los ya ganadores van a ver la prueba (Lemos entre ellos) y lo ven entrando en calor a “Pinocho”, que a la postre sería el gran ganador. Era una ardid más de este provinciano que con su picardía confundió a algunos de sus rivales en el plan de carrera”.

El  17 de Octubre de 1955, en el Maratón “Lacoste Luisi”, con sus tradicionales 42 kilómetros: Primero fue Pino con 2 h. 39’ 16”.

A fines de ese año, el tucumano Pino lograba el título nacional de los 10 mil metros en pista con 32m07s 1.

El  22 de abril de 1956, se corría una Media Maratón Chile: Allí los resultados, fueron los típicos de la época de esplendor del tucumano: 1º Suárez, con: 1 h. 08” 50 “, 2º Lemoscon 1h. 08’ 59” y 3º Pino: 1 h. 10’ 56”.

El 9 de julio de 1956, Armando Pino con 46.15 para los 15 Km ganó la prueba “Antártida Argentina” en la cual fue segundo Víctor Fabregat y tercero el uruguayo Juan Gau quien posiblemente haya sido el primer atleta extranjero en competir en Mar del Plata. Este último había ganado en Buenos Aires el Maratón de los Barrios de 1950 venciendo a Delfo Cabrera. El 12 de agosto de 1956 en la Maratón “Luisi”,  42 kilómetros en Buenos Aires, vuelve a triunfar el tucumano Pino con un tiempo de  2 h. 31’ 37”.

Pino representó al país en distintos Campeonatos Sudamericanos. En Santiago de Chile (1956), quedó 5° en los 10 mil metros con 32m09s8 y  4° en el medio maratón, en ambas pruebas Suárez-Lemos hicieron el 1-2 para la Argentina.

El 8 de diciembre se corrió en Mar del Plata una selectiva para San Silvestre que también fue ganada por Pino.

En los Campeonatos Nacionales de 1956 en la pista del Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA) (disputados el 17de marzo de 1957) Pino fue subcampeón de los 10 mil metros con su mejor registro de 30m33s1. Esa carrera fue ganada por Lemos con el entonces récord sudamericano de 29m39s8. A la semana siguiente, el 24 de marzo de 1957, en los 10.000 metros en pista: 1º  Lemos: 29’ 54” y  2º Pino con: 31’ 29”.

El 19 de abril de 1957 en 10.000 metros en pista: 1º Lemos: con 30’ 44” y 2º Pino: 30’ 50”.

Y a fines de ese mismo año (sábado 14 y domingo 15 de diciembre de 1957 en GEBA, por los Campeonatos Nacionales de 1957), Pino alcanzó su mayor rendimiento en pista con dos carreras que están consideradas como las más grandes del historial de esos Campeonatos. En los 5.000 metros, se impuso Suárez con récord sudamericano de 14m16s6, seguido por Lemos y Pino, quien obtuvo su mejor marca personal de 14m38s7. Al día siguiente, en los 10 mil metros -en la "carrera de las carreras"- Suárez ganó con récord sudamericano de 29m39s6, aventajando por apenas dos décimas a Lemos. Pino fue tercero con 30m46s2. Y también participó ese día en los 3000 metros con obstáculos, donde fue segundo con su marca personal de 9m29s2 (ganó Gilberto Miori con 9m29s8).

El 24 de abril de 1958, en el Media Maratón del Campeonato Sudamericano de Montevideo (Uruguay): 1º fue Suárez y  2º Pino 1h. 13’ 28” (con medalla plateada). Unos días antes en ese mismo Campeonato Sudamericano de Montevideo de 1958, en los 10.000 metros: el tucumano Armando Pino obtuvo el tercer puesto y por ende la medalla de Bronce con un tiempo de 31:23. 

El 12 de julio de 1959, en la Maratón de 42 kilómetros selectiva para los Juegos Panamericanos de Chicago ‘59, que se realizó por las calles de Buenos Aires, 1º fue Lemos,con un tiempo de 2 h. 32’ 53” y  2º Pino con: 2 h. 36‘ 38”. Por lo cual representó ese año a la Argentina en los Juegos Panamericanos, donde abandonó el Maratón, ganado por el legendario estadounidense John Kelly.

Pasado ese torneo, en el mes de marzo del año siguiente, cuenta Domingo “Mingo” Amaisón, que llegó al país Emilio Martínez, un declatonista argentino, que lo quiso llevar al tucumano  Pino a correr para una Universidad de EE.UU. junto a “Mingo”. Ninguno de los dos aceptó la oportunidad ofrecida.

El 27 de Junio de 1960, en la selección para los Juegos Olímpicos de Roma sobre 35 kilómetros fue  Gumersindo Gómez con 1 h. 57’ 38” y 2º Pino 2 h. 03’ 38”.

En el Campeonato Sudamericano de 1961, celebrado en Lima (Perú), en la Maratón de 42 kilómetros, Armando Pino, con un tiempo de 2h. 42’ 21”, logra adjudicarse el tercer puesto por la cual obtuvo la medalla de Bronce, en una carrera donde dominaron los chilenos Silva y Vidal.

El 26 de agosto de 1962, en los 42 kilómetros, selección para los Juegos Iberoamericanos, celebrada en Buenos Aires: 1º Mario Díaz 2 h. 31 27” y 4º Pino, con un tiempo de 2 h. 38’.

Hasta aquí algunos de sus datos estadísticos. Estamos seguros que tan solo son una muestra de los valores de excelencia deportivo del tucumano Armando Pino en una época de oro del atletismo argentino.

Cuenta el periodista Luis Vinker: “Armando B. Pino fue uno de los fondistas argentinos que incursionó con mayor frecuencia en el clásico maratón (42,195 Km.). En 1955 ganó el maratón de Buenos Aires denominado Lacoste-Luisi con 2h39m16s y al año siguiente repitió la victoria con 2h31m28s. En 1957 obtuvo un maratón en Santiago de Chile con 2h39m39s y en 1959 quedó segundo del selectivo argentino para los Panamericanos -detrás de Lemos- con 2h36m38s. Completó esta seguidilla con la citada medalla de bronce en el Sudamericano del ‘61 y con el segundo lugar en el selectivo para los Iberoamericanos del ‘62 con 2h38m00s”.

Cuentan sus familiares que, Armando nunca pudo superar su pena de no haber podido estar presente en el Maratón olímpica en los Juegos de Australia 1956, porque las autoridades del COA decidieron no enviar a los atletas  por razones políticas. Ellos opinan que Pino estaba en condiciones de bajar el tiempo olímpico a 2 hs. 25’.

Uno de los más grandes fondistas de todos los tiempos de Argentina al que también le prohibieron ir a esos Juegos Olímpicos, Osvaldo Suárez, opina sobre Pino: “Era un grande de verdad. Para ir al Sudamericano del ´58 en Uruguay, antes se corrió como selectivo una Media Maratón en Buenos Aires y durante la prueba como al “Negro” le molestaba el calzado, se descalzó corriendo más de la mitad de la prueba de esa manera y clasificándose para el Sudamericano donde obtuvo medalla de plata”.

Casado con Ángela R. Buris tuvo 8 hijos, dos fallecidos ya. De los 6 vivos, 3 mujeres y 3 varones, le dieron 19 nietos y 3 bisnietos.

Armando Belivet Pino, oriundo de Alberdi, un tucumano idolatrado por varias generaciones de atletas, falleció el 19 de enero de 1980, en Villa Dominico, muy cerca de “su” pista del “Parque de los Derechos del Trabajador” como se llamaba en la década del ’50.

UN GRANDE DEL ATLETISMO LO RECUERDA ASÍ
Por Domingo Amaisón

Realmente me pone muy feliz ver que alguién se ha preocupado en rescatar la historia (y más en un libro) de este maravilloso ejemplo de persona que fue el “Negro” Armando Pino. El “negro” fue uno de mis mejores amigos y compañeros de andanzas en este  “trajín” del atletismo que nos toco vivir. Lo conocí en su Tucumán querido allá por el ‘52, cuando yo era un chiquilín cordobés que recién empezaba en el atletismo y me aventuré en llegarme al “Jardín de la República” para competir. En esa estadía también conocí a gente de bien del atletismo tucumano como la familia Balocco y un dirigente de apellido Cardozo. Estaba entrenando en el maravilloso Parque 9 de Julio y se me acercó a charlar Armando, justo él, que era un hombre de pocas palabras, y desde allí he tenido la fortuna de convivir con él, recorrer caminos, muchos de los cuales ya no existen, pero mi recuerdo por este querido “Negro”es enorme. Pino que ya vivía en Bs. As. había llegado a la provincia a representar sólo al Club de Comunicaciones, donde tenían un equipo que lo integraban Chacón, Ricardo Bralo, el “loco” Pereyra y Cazal.

Cuando muy joven yo llegué a vivir en la sede de Independiente de Avellaneda, me venía a buscar y salíamos a entrenar por las vías del ferrocarril o íbamos a Sarandí cerca de la casa de Delfo Cabrera. Él se dedicaba a las pruebas de calles, 10 mil metros o Maratón. Siempre iba a entrenar tarde y solo, sin entrenador. Se planificaba su propio entrenamiento y lo cumplía a rajatabla. “Habla poco, escuchaba mucho” justo a mí quehabló a borbotones, pobre. Corrimos juntos en Catamarca, una de las pruebas más duras, con sus subidas y bajadas en el cerro.

Recuerdo que se consideraba a sí mismo como un “cabecita negra” de lo que estaba muy orgulloso.

 “SUS SENTENCIAS CASI PROFÉTICAS”

Por Alfredo A. Aguirre *

Habíamos acudido a Junín, esa ciudad de la provincia de Buenos Aires, en una simbólica posta gigante desde la Capital Federal, organizada por el entusiasta periodista y promotor deportivo Adolfo Ortiz. Como parte del evento se montó un palco, donde el tucumano Armando Pino fue ubicado junto al campeón olímpico Juan Carlos Zabala, y al pintoresco Ezequiel  “Tapita e’Grafico” Bustamante. En un mismo plano se ubicaron dos grandes atletas locales Parchappe Fuse.

Luego del acto y la cena en un caluroso enero de 1963, fuimos un bar y sentados en la vereda de una esquina, varios jóvenes escuchamos a “Pinocho” Pino, contarnos su historia deportiva con el hablar pausado y algo de tonada que aún le quedaba.

Nos quedó la imagen de sus entrenamientos por la actual Avenida Rocha de Bernal, por donde ya no pasa el tranvía. Sus disputadas pruebas de fondo con Suárez y Lemos.

Habiendo tenido yo la suerte de tener como maestro deportivo a Walter Lemos -persona dura si las hay a la hora de calificar- supimos mucho más de Pino, dado que Walter siempre habló bien de Armando y nos contaba, que el padre de Osvaldo Suárez, siempre les decía que si Armando se cuidase más, ellos dos le mirarían la espalda.

Como tucumanísimo que era (uno diría que era “un tucumano típico”) hablaba con decir pausado y cadencioso. Más de una vez escuchamos sus sentencias casi proféticas sobre el peligro de tomar vitamínicos para mejorar el rendimiento deportivo. Él sostenía que habrían el camino al dopaje: “Y lamentablemente su pronóstico se ha cumplido”.

En los últimos años, merced a nuestra común participación en la murga “Prisioneros del Delirio”, de la ciudad de Sarandí, en el conurbano bonaerense, hemos trabado amistad con su hija Liliana y sus nietos Cecilia y Gerardo, y a través de ellos con el resto de los descendientes de “Pinocho”. Este encuentro nos ha permitido intercambiar vivencias que cada uno desconocía de este singular figura del deporte argentino, tucumano por añadidura.

* Atleta, Lic. En Ciencias Políticas y uno de los máximos investigadores de la Cultura Nacional.

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Capítulo 17 – Página 91

Editorial Corregidor

Mayo de 2019

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HACE 100 AÑOS: Un 2 de abril de 1919, nacía un chiquilín en el pueblo de Armstrong…

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Escrito por Administrator Viernes, 19 de Abril de 2019 23:04

 

 

20190419Zabala y Delfo Cabrera

DELFO CABRERA

Medalla de Oro en la Maratón de Londres ´48

Medalla de Oro en la Vida

 

El 7 de agosto de 1948, el argentino Delfo Cabrera, con la casaca número 233, gana brillantemente la Maratón Olímpica en los Juegos de Londres (Inglaterra), siendo el segundo argentino en lograrla, ya que Juan Carlos Zabala la había ganado el 7 de agosto de 1932 en Los Ángeles (Estados Unidos).

Al día siguiente del triunfo de Cabrera, “The Times”, uno de los diarios ingleses más importantes, describía el acontecimiento de la siguiente manera: “Es el belga Gailly, con los pies doloridos, pesados y el espíritu cansado, que parecía ya no poder moverse y entra al estadio para las dos vueltas finales. De pronto aparece detrás, muy próximo, otro personaje erguido, lo que destaca la bien proporcionada personalidad del argentino Cabrera, quien seguramente también mostraba signos de cansancio, pero que aparece como un fresco y alegre participante, para ganar la Maratón”.

La película de esta llegada, que aún sigue emocionando a los compatriotas cuando la repiten por algún canal televisivo, era relatada en ese momento por el periodista Washington Rivera, para la Cabalgata Deportiva Gillette de Radio Rivadavia.

Cabrera había llegado a la meta del histórico estadio de Wimbledon en los Juegos Olímpicos de 1948 y también a su consagración tras una vida de esfuerzo. Era la historia de un hombre de origen humilde que supo encontrar en el deporte el camino a la grandeza, dignificando a su vez la actividad.

Un 2 de abril de 1919, nació un chiquilín en el pueblo de Armstrong, provincia de Santa Fe, siendo el cuarto hijo del matrimonio conformado por Claro Cabrera y Juana Gómez. El lugar donde vivió en el pueblo era llamado la “Casa de los Naranjos”, porque cada vez que nacía un hijo, don Claro, en agradecimiento a Dios, plantaba un naranjo.

Delfo se inició en el trabajo a una muy corta edad, recogiendo maíz a mano en una tarea agotadora que no le impidió, ni ir a la escuela, ni divertirse jugando al fútbol en el Club Gimnasia y Esgrima de Armstrong, o corriendo carreras con sus amigos por las calles de tierra de su pueblo natal.

En 1932 Juan Carlos Zabala ganaba la maratón olímpica de Los Ángeles, episodio que marcará a Cabrera y, poco tiempo después moría don Claro, su padre. El primer hecho lo impresionó y motivó definitivamente para dedicarse al atletismo; el otro lo obligó a alejarse del deporte por un tiempo, pues en plena adolescencia ya debía contribuir al mantenimiento de su hogar, que se había quedado sin su principal sostén.

Tiempo después, Cabrera apareció en el atletismo nacional, el 23 de enero de 1933, corriendo en la “Vuelta de Armstrong”: llegó en segundo lugar para sorpresa y alegría de sus vecinos. Se entusiasmó tanto con este resultado que salía a correr sólodetrás de los sulkys, por los caminos de tierra de los campos, mientras que su vecina, Doña Isordi, le tomaba los tiempos y los registraba. Cabrera también empezó a entrenarse regularmente, a pesar de desarrollar agotadoras jornadas de trabajo.

Se trasladó a Buenos Aires y comenzó a trabajar como obrero textil para luego ingresar al Cuerpo de Bomberos. Siendo ya uno de los mejores fondistas del país, se casó con Rosa Lento (23/8/1945). De este matrimonio nacieron tres hijos, un varón (Delfo) y dos mujeres (María Eva e Hilda Noemí).

 

20190419Delfo Cabrera

 

En 1938, Delfo Cabrera ganó el Campeonato Nacional de Interclubes en las variables de 5.000 y 10.000 metros, mientras que se adueñó de los Campeonatos Nacionales en 5.000 metros (1941/42) y los 10.000 metros (1946).

La Maratón de los Juegos Olímpicos de Londres 1948, donde triunfa con una espectacular llegada al Estadio de Wembley, en un tiempo de 2h. 34’ 51”, es su máximo triunfo. En esta misma prueba, otros dos argentinos se ubicaron entre los diez primeros en llegar a la meta. Eusebio Guiñez (con 42 años) consiguió el 5to. puesto con un tiempo de 2h. 36m. 6s y Armando Sensini el 9no con 2h. 39m. 30s., concretando la delegación argentina un hecho original e irrepetible hasta la fecha.

Al subir, al podio para recibir su medalla con una bandera argentina sobre sus hombros, Delfo apareció descalzo. Tiempo después él mismo contaría que “un hincha (compañero de delegación) a metros de haber cruzado la meta victorioso, se me abalanzó para abrazarme y me pisó. Por el esfuerzo que había realizado a lo largo de los 42 Km. más el pisotón, se me hinchó el pie de tal forma que no podía calzarme nada”.

Cabrera consiguió una de las tres medallas de oro de Argentina en estos Juegos Olímpicos, junto a los boxeadores, Pascual Pérez (Mosca) y Rafael Iglesias (Pesado), quienes fueron recibidos en Buenos Aires con todos los honores. Otra atleta, Noemí Simonetto, logró la medalla de plata en Salto en Largo, redondeando la mejor actuación olímpica de nuestro país.

Los tres medallistas de oro recibieron, por su gran actuación, el regalo de una casa de parte del Presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, quien, al entregársela,  expresó: “Los deportistas son los mejores embajadores que puede tener un país”. Delfo fue reconocido el 17 de octubre de 1949 en la Plaza de Mayo con la medalla de “Lealtad Peronista”.

Perón es muy simpático con los deportistas; nos ayuda y yo soy un producto típico de su apoyo al deporte”, comentaba años después, el brillante ganador de la Maratón de Londres, para la revista “Primera Plana” (1966).

En 1951 Delfo fue el abanderado de la delegación argentina y además el ganador de la Maratón (corrida sobre la avenida General Paz) en los Primeros Juegos Deportivos Panamericanos, disputados en Buenos Aires, venciendo a otro argentino, Reynaldo Gorno. Ese mismo año gana la media maratón sudamericana y en 1952 consigue el récord continental de esta prueba.

En los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero, en remo, obtuvieron la última medalla de oro olímpica para la Argentina y el atleta correntino (nacido en Yapeyú) Reynaldo Berto Gorno (detrás de Emil Zatopek, “la locomotora humana checa”) ganó la medalla de plata en la Maratón, donde el santafesino Delfo Cabrera, con 34 años, fue sexto con 2 horas 26 minutos, es decir 8 minutos menos de la marca con que había ganado 4 años atrás.

Posteriormente, Cabrera siguió compitiendo a nivel nacional e internacional acumulando en su carrera deportiva 210 carreras oficiales, 106 primeros puestos, 63 segundos y 22 terceros lugares.

 

20190419Deportistas en Chile

 

En 1955 la “Revolución Libertadora”, con su ánimo revanchista se tomó el “desquite” con Cabrera, que había sido un prototipo del peronismo, lo echó del Cuerpo de Bomberos donde trabajaba, por el “delito” de haber adherido al “régimen depuesto”. Pero Cabrera, siguiendo el ejemplo de Epaminondas de Tebas, anécdota que siempre repetía Perón para relacionar el trabajo con la dignidad, fue el mejor, tiempo después, en su nuevo trabajo de pisapapeles en el Jardín Botánico.

En 1957, Delfo Cabrera concluyó su brillante actividad pedestre dedicándose a transmitir su experiencia y conocimientos (se había recibido ya de maestro de Educación Física en la Escuela Municipal de la Ciudad de Buenos Aires) en distintas escuelas y centros deportivos.

En la década de 1970 a un polideportivo municipal donde él enseñaba a pequeños atletas, se le puso su nombre.

Hasta su muerte fue un fiel militante de las ideas por las que combatió durante toda su vida. Delfo Cabrera nació en un humilde hogar, y fue humilde toda su vida, no con la humildad que proviene de la falta de dinero, sino con la humildad verdadera, la de adentro, la del Grande. Fue un ejemplo de vida, de afán de superación, de hacerse a sí mismo. Un ejemplo para todas las generaciones que vienen. El deporte fue para él, su vida.

Falleció trágicamente, un domingo 2 de agosto de 1981, en un accidente automovilístico ocurrido en el kilómetro 187 de la ruta 5 en la localidad de Alberti, provincia de Buenos Aires, cuando regresaba a su hogar luego de un homenaje que le habían realizado en la localidad de Lincoln. En 1998, las autoridades municipales de su pueblo natal le erigieron un monumento alegórico en el paseo de ingreso a la ciudad.

El 8 de diciembre de 1992 en un justo homenaje, se le pusó su nombre a la principal pista de atletismo del país, ubicada en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD) de la ciudad de Buenos Aires.

Desde 1999, el Senado de la Nación por iniciativa del senador nacional chaqueño, Hugo Abel Sager, entrega anualmente el premio “Delfo Cabrera” a los deportistas argentinos destacados.

Un autor desconocido escribió una poesía dedicada a Delfo Cabrera, que es muy conocida en los ambientes deportivos y dice:

 

Gloria hoy para ti
héroe y triunfador
que en justa deportiva
tu demostraste ser un campeón.

Hijo del pueblo de Armstrong
humilde y servidor
hoy tu estampa bizarra
es su contento y su pasión.

Delfo Cabrera
gran vencedor
que sin victorearte
ya sos dos veces
un galardón.

Te protegió en la senda
de olímpico campeón
la imagen que es patrona
y fe ardiente en tu corazón.

Virgen de las Mercedes
templo de amor y paz
bendice aquí a tu hijo
que se arrodilla ante tu faz.

 

 

 

 

Fuente: Libro “Histórica Política del Deporte Argentino” de Víctor Lupo

Capítulo XXIII

2 abril 2019.

Verhttp://cablearmstrong.com.ar/2019/04/04/delfo100anos-se-celebro-en-armstrong-el-natalicio-de-delfo-cabrera/?fbclid=IwAR1oALfnnclarYqxl86Sd8R3QL39H-2Ce-4fHdOoOO8MRY5JBoefxMMfpwI. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Alberto Demiddi: El remero argentino con más logros internacionales.

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Última actualización el Sábado, 13 de Abril de 2019 00:46 Escrito por Administrator Viernes, 12 de Abril de 2019 00:00

 

 

Demiddi

Nacido un 11 de abril de 1944 en la Capital Federal, Alberto Demiddi, hijo de Alberto, un italiano, que se vino rajando, antes de la fatídica Segunda Guerra Mundial, y de Sara Gabay, una rusa llegada al país cuando solo tenía 3 años de edad.

“A Papá le ofrecieron ser entrenador de natación en Newell´s Old Boys de Rosario cuando yo tenía 3 años y nos trasladamos hacía allá”, contaba el mejor remero de la historia argentina.

Desde muy chico practicaba waterpolo y natación, actividad donde logró ser campeón provincial en 400 metros libres y 5º en el ranking que encabezaba Luis Alberto Nicolao.

"Pero mi padre tuvo un altercado con la gente de Newell`s y se pasó al Club Regatas, cuyo presidente era Napoleón Sivieri, papá de Silvia, mi futura esposa. Yo asistía al colegio Dante Alighieri, y un día Napoleón le pregunto a mi padre ¿dónde está ese vago grandote que tiene buen físico para remar?”. Y así, por mi padre y mi futuro suegro, comencé a remar logrando ser campeón argentino, desde 1962 hasta 1972.

Ganó su primera regata en un ocho. Pero él quería ser singlista, pidiéndole al entrenador Mario Robert (técnico de Capozzo y Guerrero en los Juegos Olímpicos de 1952), quien aceptó inmediatamente.

Su ascenso fue rápido logrando los títulos en los torneos sudamericanos de 1964 (Laguna de Freitas – Brasil) 1965, 1968 y 1970, y el subcampeonato del mundo en Henley, Inglaterra, en1964.

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Fue medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, 1967  y de Cali, Colombia, de 1971.

Entre sus grandes triunfos se computan los torneos europeos de 1969 en Klagenfurt, Austria y, de 1971 en Copenhague, Dinamarca, dejando atrás al alemán Gotz Draeger y al neocelandés Murray Paul Watkinson. Logró el título en el Campeonato Mundial de 1970, en Saint Catherine, Canadá, ganándole muy bien al ruso Yury Malishev.

Demiddi participó en tres Juegos Olímpicos, logrando el cuarto lugar en Tokio 1964; y siendo medalla de bronce en México 1968 y de plata en Munich 1972, donde el deporte argentino había depositado en él todas sus esperanzas para conseguir nuevamente una medalla dorada, después de 40 años sin lograrlo, ya que en ese entonces se la habían colgado, dos remeros Capozzo y Guerrero.

Pero no pudo ser y aún todos los fanáticos del deporte estamos esperando ver en lo más alto del podio, a un atleta o equipo argentino.

“Esta fue la peor frustración deportiva, porque me entrené a fondo para el oro”, declaraba Demiddi apenas finalizada la prueba.

El oro lo ganó el ruso Malishev por medio bote. Justo este remero que nunca le había podido ganar una competencia al argentino, en toda su carrera.

“Cuando el alemán oriental Gueldenpfenning se me acercó para saludarme y me dijó, tú debiste haber ganado, me dieron ganas de llorar...”, describía el remero argentino.

Eduardo Alperín, describió a Demiddi como “dueño de un carácter muy fuerte que se atrevió a desafiar con su fulminante mirada y cortante respuesta a la pregunta del General Roberto Levingston (presidente del país en la Dictadura Militar) a principios de los ’70, quien lo había interrogado por el largo de sus patillas. La contestación fue: ‘Mire que el General José de San Martín las usaba igual’...”.

 

Alberto Demiddi

Demiddi fue uno de los atletas que llegó a los máximos logros de un deportista amateur, trabajando solo, con su esfuerzo personal, sin ayuda de nadie.

Su relación con el entrenador era de gran respeto, nunca llegó a tutearlo, siempre lo trataba de Ud. “Con él no había termino medio: o ibas para adelante o te mandabas a mudar y llegabas a la conclusión de que el remo no era para vos”, cuenta el gran campeón, quien luego como entrenador en el Club Regatas La Marina, (1974 a 1999) en Buenos Aires, trataba a sus alumnos como Robert lo trataba a él.

Él como “un grande del deporte” que fue, luchó denodadamente junto a Noemí Simonetto (medalla de plata olímpica en el ’48) y Eduardo Guerrero (medalla de oro en el ’52), para conseguir la “Ley de Pensiones para los medallistas olímpicos”, sabiendo que no podía cobrarla al no llegar todavía a la edad limite y que exigía dicha norma para ser depositario.

A la temprana edad de 56 años falleció el 25 de octubre del 2000, tras luchar, más que en el agua y durante tres meses, contra un cáncer de estómago.

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” de Víctor F. Lupo

Capítulo LVII – Página 396 – Ed. Corregidor

24 Octubre de 2013

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En el festival del Bafice se estrenó un documental sobre: Vito Dumas, “El navegante solitario” - El espíritu aventurero argentino da la vuelta al mundo

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Última actualización el Sábado, 13 de Abril de 2019 00:51 Escrito por Administrator Viernes, 12 de Abril de 2019 00:00

 

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Nació el 26 de setiembre de 1900 en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires, pero se crió en una estancia de Trenque Lauquen, provincia de Buenos Aires. A los 17 años, Vito Dumas comenzó a navegar en el Tigre Sailing Club; pero como era un buen nadador empezó a dictar las primeras lecciones para enseñar a nadar en la “moderna” pileta del Club Sportivo Barracas, inaugurada el 6 de diciembre de 1925. Ese mismo año, tiene un pequeño accidente al inaugurarse la primera pileta pública en el Parque Avellaneda, cuando al realizar una exhibición se zambulló desde una estatua, la pileta no tenía la cantidad de agua suficiente, y Dumas se partió la cabeza, donde le quedó una marca para siempre.

 

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También fue profesor en el Colegio Militar (nombrado por el Gral. Agustín P. Justo) y en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.

A partir de 1923 hizo cinco intentos por cruzar el Río de La Plata. Aunque no logró su objetivo, fortaleció y templó su espíritu.

Viaja a Francia para intentar cruzar a nado el Canal de la Mancha en 1931, pero tampoco lo consigue. Allá se compró una embarcación modelo 1918, que era bastante insegura. El 13 de diciembre de ese año, con damajuanas de agua, algunas conservas, azúcar, unas papas y galletas, Dumas parte desde el Puerto de Arcachón, un pequeño pueblito pesquero francés, en su primer viaje como “navegante solitario” para unir, en un bautizado yate “Legh”, Francia con Buenos Aires.

Dumas, que en su barquito no contaba con brújula ni elementos de navegación, después de sufrir varios contratiempos en unos bancos de arena de Brasil, le pidió ayuda a su hermano. Tras ser asistido, el 9 de abril llega a Montevideo y el 13 de abril de 1932, al cabo de 121 días, recala en el Yacht Club Argentino ante numerosas personas (enteradas de su travesía) que lo esperaban para ovacionarlo. Con muestras de cansancio, expresó al público presente que se despedía de la navegación. Pero evidentemente, ni él mismo lo creía.

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Dos años más tarde, comenzó la fabricación de su propia embarcación, el Legh II”  (Este se encuentra actualmente en exposición en el Museo Naval de la Nación) de 9,55 metros de eslora y 3,30 de manga. En esta embarcación partió el 27 de junio de 1942, solo con su pipa, a dar la Vuelta al Mundo.

Mientras el mundo vivía conmocionado por la Segunda Guerra Mundial y su vasta destrucción, un navegante argentino cumplía su sueño de coraje y emprendimiento, para demostrar que aún quedaban soñadores, románticos y visionarios de un mundo mejor y más justo.

Realizó su travesía en cuatro etapas, quedando consagrado como el más capaz y arrojado navegante solitario, pero además como un velerista, acaso el más grande de la historia nacional. La primera etapa fue hasta Ciudad del Cabo (Sudáfrica) con 55 días de navegación. De allí partió hacía Wellington (Nueva Zelanda) donde llegó luego de atravesar zonas de monzones, con olas de 18 metros de altura y navegar 104 días. Su próxima etapa abarcó hasta Valparaíso (Chile) donde llegó luego de cruzar en 72 días de navegación todo el Océano Pacífico. Su última etapa atravesó el Cabo de Hornos, en la unión de los dos océanos, yendo por la “ruta de la muerte” hasta Mar del Plata y desde allí costeando la provincia de Buenos Aires hasta llegar al puerto porteño el 7 de agosto de 1943, donde una multitud que había vivido su hazaña de 22.000 millas por el paralelo 40, lo recibió como un gran héroe, tras navegar 272 días para dar la “Vuelta al Mundo”.

Cuando Perón fue presidente de la Nación, le otorgó a Dumas el grado militar de teniente de navío auxiliar (pese a ser civil) y lo nombró Director de la recién creada Escuela Náutica, donde construyeron un buque escuela a cargo de Dumas, que tiempo después se hundió en aguas brasileñas.

En 1955 con un velero logró unir Buenos Aires con Nueva York.

Dumas publicó tres libros llamados: “Mis Viajes”, donde narraba sus peripecias en el mar; “Solo rumbo a la Cruz del Sur” y “Los cuarenta bramadores”.Falleció el 28 de marzo de 1965.

Tomás Abraham,en su libro “El amante”, escribió: “Vito Dumas. Trabaja la tierra. Es 1942. No es hombre de dinero. Los gastos para su travesía siempre constituyeron toda una epopeya. Duró unos años este intento de sedentarización. La gitanería náutica no lo deja descansar, es un navegante. A Colón, nos dice, lo acuciaba una incógnita, a mí el peligro. Estudia la ruta imposible. Cruzar el océano hasta Sudáfrica, y de ahí seguir hasta Chile y luego bordear hasta el Plata. Su despegue no es fácil. Había sembrado semillas de cereales altivos, se había hecho de amigos, de un perro llamado Aramis, de un árbol, de un caballo, de la buena compañía de sus peones, tenía familia. Pero se da una misión, se inscribe a sí mismo en una epopeya mostrativa. En plena guerra mundial se siente adjudicatario de mostrar que no todo está perdido, que aún quedan soñadores, románticos, visionarios, que la juventud de América lo necesita. Se despide y no mira para atrás. Carga nuevamente su arca de Noé con 6 latas de cacao, 20 kilos de harina de lentejas, arvejas, garbanzos, arroz..., 10 kilos de yerba, latas de aceite y 80 kilos de corned beef, 40 kilos de manteca salada, chocolate en barras y chocolatines, 15 latas de leche condensada, 70 kilos de papas, 5 kilos de azúcar, latas de frutas confitadas, 10 frascos de mermelada, cigarrillos, tabaco para pipa. Pocos días después de salir una tempestad lo deja casi sin víveres. La turbulencia y las masas de aire negro lo dejan sin resto físico, ya ni puede sostener el timón, tiene heridas infectadas y su brazo purulento tiene el grosor del mástil, alucina por la fiebre, desnudo. Y se deja llevar por lo que llama el destino.”

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” de Víctor F. Lupo

Capítulo XVIII – Página 172 – Ed. Corregidor

Abril 2019

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