26 de setiembre de 1900 -- Vito Dumas, “El navegante solitario”- El espíritu aventurero argentino da la vuelta al mundo

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Escrito por Administrator Lunes, 16 de Septiembre de 2019 14:05

 

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Nació el 26 de setiembre de 1900 en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires, pero se crió en una estancia de Trenque Lauquen, provincia de Buenos Aires. A los 17 años, Vito Dumas comenzó a navegar en el Tigre Sailing Club; pero como era un buen nadador empezó a dictar las primeras lecciones para enseñar a nadar en la “moderna” pileta del Club Sportivo Barracas, inaugurada el 6 de diciembre de 1925. Ese mismo año, tiene un pequeño accidente al inaugurarse la primera pileta pública en el Parque Avellaneda, cuando al realizar una exhibición se zambulló desde una estatua, la pileta no tenía la cantidad de agua suficiente, y Dumas se partió la cabeza, donde le quedó una marca para siempre.

También fue profesor en el Colegio Militar (nombrado por el Gral. Agustín P. Justo) y en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.

A partir de 1923 hizo cinco intentos por cruzar el Río de La Plata. Aunque no logró su objetivo, fortaleció y templó su espíritu.

Viaja a Francia para intentar cruzar a nado el Canal de la Mancha en 1931, pero tampoco lo consigue. Allá se compró una embarcación modelo 1918, que era bastante insegura. El 13 de diciembre de ese año, con damajuanas de agua, algunas conservas, azúcar, unas papas y galletas, Dumas parte desde el Puerto de Arcachón, un pequeño pueblito pesquero francés, en su primer viaje como “navegante solitario” para unir, en un bautizado yate “Legh”, Francia con Buenos Aires.

Dumas, que en su barquito no contaba con brújula ni elementos de navegación, después de sufrir varios contratiempos en unos bancos de arena de Brasil, le pidió ayuda a su hermano. Tras ser asistido, el 9 de abril llega a Montevideo y el 13 de abril de 1932, al cabo de 121 días, recala en el Yacht Club Argentino ante numerosas personas (enteradas de su travesía) que lo esperaban para ovacionarlo. Con muestras de cansancio, expresó al público presente que se despedía de la navegación. Pero evidentemente, ni él mismo lo creía.

Dos años más tarde, comenzó la fabricación de su propia embarcación, el Legh II”  (Este se encuentra actualmente en exposición en el Museo Naval de la Nación) de 9,55 metros de eslora y 3,30 de manga. En esta embarcación partió el 27 de junio de 1942, solo con su pipa, a dar la Vuelta al Mundo.

Mientras el mundo vivía conmocionado por la Segunda Guerra Mundial y su vasta destrucción, un navegante argentino cumplía su sueño de coraje y emprendimiento, para demostrar que aún quedaban soñadores, románticos y visionarios de un mundo mejor y más justo.

Realizó su travesía en cuatro etapas, quedando consagrado como el más capaz y arrojado navegante solitario, pero además como un velerista, acaso el más grande de la historia nacional. La primera etapa fue hasta Ciudad del Cabo (Sudáfrica) con 55 días de navegación. De allí partió hacía Wellington (Nueva Zelanda) donde llegó luego de atravesar zonas de monzones, con olas de 18 metros de altura y navegar 104 días. Su próxima etapa abarcó hasta Valparaíso (Chile) donde llegó luego de cruzar en 72 días de navegación todo el Océano Pacífico. Su última etapa atravesó el Cabo de Hornos, en la unión de los dos océanos, yendo por la “ruta de la muerte” hasta Mar del Plata y desde allí costeando la provincia de Buenos Aires hasta llegar al puerto porteño el 7 de agosto de 1943, donde una multitud que había vivido su hazaña de 22.000 millas por el paralelo 40, lo recibió como un gran héroe, tras navegar 272 días para dar la “Vuelta al Mundo”.

Cuando Perón fue presidente de la Nación, le otorgó a Dumas el grado militar de teniente de navío auxiliar (pese a ser civil) y lo nombró Director de la recién creada Escuela Náutica, donde construyeron un buque escuela a cargo de Dumas, que tiempo después se hundió en aguas brasileñas.

En 1955 con un velero logró unir Buenos Aires con Nueva York.

Dumas publicó tres libros llamados: “Mis Viajes”, donde narraba sus peripecias en el mar; “Solo rumbo a la Cruz del Sur” y “Los cuarenta bramadores”. Falleció el 28 de marzo de 1965.

Tomás Abraham,en su libro “El amante”, escribió: “Vito Dumas. Trabaja la tierra. Es 1942. No es hombre de dinero. Los gastos para su travesía siempre constituyeron toda una epopeya. Duró unos años este intento de sedentarización. La gitanería náutica no lo deja descansar, es un navegante. A Colón, nos dice, lo acuciaba una incógnita, a mí el peligro. Estudia la ruta imposible. Cruzar el océano hasta Sudáfrica, y de ahí seguir hasta Chile y luego bordear hasta el Plata. Su despegue no es fácil. Había sembrado semillas de cereales altivos, se había hecho de amigos, de un perro llamado Aramis, de un árbol, de un caballo, de la buena compañía de sus peones, tenía familia. Pero se da una misión, se inscribe a sí mismo en una epopeya mostrativa. En plena guerra mundial se siente adjudicatario de mostrar que no todo está perdido, que aún quedan soñadores, románticos, visionarios, que la juventud de América lo necesita. Se despide y no mira para atrás. Carga nuevamente su arca de Noé con 6 latas de cacao, 20 kilos de harina de lentejas, arvejas, garbanzos, arroz..., 10 kilos de yerba, latas de aceite y 80 kilos de corned beef, 40 kilos de manteca salada, chocolate en barras y chocolatines, 15 latas de leche condensada, 70 kilos de papas, 5 kilos de azúcar, latas de frutas confitadas, 10 frascos de mermelada, cigarrillos, tabaco para pipa. Pocos días después de salir una tempestad lo deja casi sin víveres. La turbulencia y las masas de aire negro lo dejan sin resto físico, ya ni puede sostener el timón, tiene heridas infectadas y su brazo purulento tiene el grosor del mástil, alucina por la fiebre, desnudo. Y se deja llevar por lo que llama el destino.”

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” de Víctor F. Lupo

Capítulo XVIII – Página 172 – Ed. Corregidor

Setiembre de 2019.

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14 de Setiembre 1923 - La Pelea del Siglo - LUIS ÁNGEL FIRPO vs JACK DEMPSEY

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Última actualización el Lunes, 16 de Septiembre de 2019 14:05 Escrito por Administrator Lunes, 16 de Septiembre de 2019 00:00

 

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El “Toro Salvaje de las Pampas” fue la primera gran leyenda del boxeo argentino. Nació en Junín, provincia de Buenos Aires, el 11 de octubre de 1894. A los 9 años llegó de Junín a la ciudad de Buenos Aires  y a los 15 empezó a entrenarse en el Almagro Boxing Club, de la avenida Díaz Vélez 4422. Allí hizo sus primeros combates amateurs en 1914, y tres años después se inició en el profesionalismo. Debutó como profesional el 10 de diciembre de 1917 y su récord fue de 31 victorias, 26 por KO, cuatro derrotas y siete sin decisión. El 30 de abril de 1920 ganó el Sudamericano de su categoría en Santiago de Chile tras vencer por KO al local Dave Mills en el primer round. Su aparición influyó para que terminara la prohibición que regía sobre pugilismo argentino.

En Estados Unidos realizó 14 peleas, entre 1923 y 1926. Pero el 14 de septiembre de 1923, en el Polo Grounds de Nueva York, protagonizó una pelea que marcó un hito en la historia del boxeo, ante 80.000 espectadores y el campeón mundial Jack Dempsey, sin que nadie supiera que tenía el húmero fracturado (develado por el escritor Horacio Estol en el libro “Vidas y Combates de Luis Ángel Firpo”). El combate duró solo dos asaltos. En el primero Firpo, tras caer siete veces, sacó a Dempsey del ring con sus golpes. Pero el árbitro Jack Gallagher ayudó al estadounidense y contó tan lento que le permitió recuperase (Dempsey cayó fuera del ring por 17 segundos). En el round siguiente el local  logró noquear al argentino y conservó la corona. Jack Gallagher fue suspendido cinco semanas después por la Comisión Municipal de Nueva York.

Éste fue el primer acontecimiento deportivo transmitido por radio al país. Ello ocurría desde el diario “La Nación” que se amplificaba por megáfono la transmisión de radio Cultura, para que la escuchara la multitud reunida en la calle. Lo mismo se hizo en el antiguo Luna Park, ubicado en Corrientes 1066 (donde hoy se encuentra el Obelisco), aunque allí se cobraban 30 centavos para escuchar la pelea. Era la primera relación de la firma Ismael Pace – José Lectoure con el boxeo. También desde lo alto de los 22 pisos del Palacio Barolo, inaugurado el 7 de julio de ese año, transmitió con sus luces el resultado de la pelea. Cuenta el gran periodista Justo Piernes La raya verde que cruzó el cielo porteño desató la euforia incontenible. De los barrios salieron manifestaciones con banderas, carteles, gritos y ataúdes para enterrar al norteamericano. De pronto la línea roja paralizó los corazones. Los altavoces de los diarios completaron la noticia. Firpo había perdido y junto a él todo un pueblo. El júbilo se convirtió en llanto colectivo. Los ruidos en silencio. Todo en sólo tres minutos.
Los ataúdes que quedaron olvidados en las calles del centro patentizaron la primera derrota del triunfalismo argentino”.

Pero ese día Firpo quedó para siempre en la leyenda de los argentinos. Fue  la "pelea del siglo” . El arte y la literatura se hicieron eco de este dolor nacional, como bien lo expresa el escritor Julio Cortázar en Circe: "Vino la pelea Firpo-Dempsey y en cada casa se lloró y hubo indignaciones brutales, seguidas de una humillada melancolía casi colonial." 

En nuestro país se celebra el día del boxeador argentino el 14 de setiembre, en homenaje a ese combate. También ese año se cambio el nombre de un club de fútbol “Tecún Umán” en la ciudad de Usulután de El Salvador por el de “Luis Ángel Firpo” en otro homenaje al gran boxeador argentino. 
Firpo se retiró en 1926, tras vencer por segunda vez a Spalla y regresó 10 años después, hasta que el 11 de junio de 1936 cae derrotado por el chileno Arturo Godoy en el Luna Park en el tercer asalto. 

Grandes figuras del deporte argentino colaboraron con la organización de los Primeros Juegos Deportivos Panamericanos realizados en la Ciudad de Buenos Aires, entre los que estaban los boxeadores Luis Ángel Firpo y los medallistas olímpicos, Carmelo Robledo, Pascual Pérez y Oscar Casanovas, más el atleta  Juan Carlos Zabala, Juan M. Fangio, Froilán González y Vito Dumas, entre otros.

Luis A. Firpo junto al polista olímpico Manuel Andrada y Gorgonio Gregorio Esper, enviados por la Confederación Argentina de Deportes (CAD-COA) organizadora de esto Juegos, recorrieron 15 países de América entre el 26 de setiembre y el 4 de noviembre de 1950 para asegurar su participación en los Juegos de 1951.

El gran “Toro Salvaje de las Pampas” falleció el 7 de agosto de 1960 en Buenos Aires.

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor F. Lupo

Capítulo 5 - Página 27

Editorial Corregidor (2009)

14 de setiembre de 2019

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16/08/2005: El tucumano JUAN ARMANDO BENAVIDEZ - “El doctor del fútbol”

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Última actualización el Lunes, 19 de Agosto de 2019 17:06 Escrito por Administrator Lunes, 19 de Agosto de 2019 00:00

 

20160915Paton Benavidez

A principios de la década del ‘40 aparece uno de los jugadores más exquisitos de fútbol nacidos en la Argentina. Lo llamaban "el Patón" o "el doctor del fútbol", como lo bautizara Félix Daniel Frascara, periodista de la Revista El Gráfico, por la calidad para transitar el campo de juego y además ser un goleador. Su nombre fue Juan Armando Benavídez, nacido el 20 de setiembre de 1927, en el barrio “Villa Obrera” de la ciudad de Tafí Viejo, provincia de Tucumán.

Luego de un paso fugaz por el club Independiente de la provincia (ya desaparecido) pasó al “decano” Atlético Tucumán. Entre los años 1942 y 1946 Atlético conformó uno de los más grandes equipos de todos los tiempos. Al mismo lo integraban: Fiori, Cerrutti y Ponce, Chalin, Crespín y Jaime, González, Benavídez, Martin, Martínez y Rojas. Este equipo lleno las vitrinas de la Institución de trofeos y la vista de los tucumanos por el alto nivel de juego. En el mencionado período gana los campeonatos anual y absoluto de 1942, el de competencia, anual y absoluto de 1944, el competencia 1945 y el competencia de 1946. Benavídez fue vendido a fines de ese año a Estudiantes de La Plata y con ese dinero se construiría la tribuna del estadio que da sobre calle Chile, con lo cual se terminaba la construcción de los cuatro sectores llevando su capacidad a más de 15.000 espectadores.

Estudiantes lo prestó para que Newell´s Old Boys (NOB) de Rosario, club que lo llevará a una gira por Europa a fines de 1949. Benavídez la "rompió" en esa recordada gira del "rojinegro" por España, Portugal, Alemania y Bélgica, antes de quedarse en Ñuls.

De allí “el Patón” se trasladó al barrio Boedo en la Capital Federal para jugar en San Lorenzo de Almagro, intentando hacer olvidar al gran René Pontoni, que con el “éxodo de la huelga  1948” se fue a jugar a Colombia. En los “Santos de Boedo” el tucumano se convirtió en un jugador de “Galera y Bastón” como se le dice a los jugadores de calidad, para delicia de los hinchas santos.

Con algunas características físicas Benavídez se asemejó a su antecesor en Ñuls, San Lorenzo y la selección, el gran René Pontoni. Para buena parte de la cátedra "el mejor centrofoward de la época". Por lo tanto, el legado para el tucumano Benavídez fue motivo de orgullo pero también "una carga".

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En San Lorenzo hizo 69 goles en 131 partidos jugados entre 1951 y el ´55. Benavídez fue un "9" lleno de inteligencia y habilidad que se destacó muy pronto. Por eso fue llamado a la selección nacional donde jugó un solo partido, antes de ser transferido al Atlético Madrid, España.

En el ´56 su llegada al popular "Aleti" estuvo precedida de gran expectativa. "Llega el otro Alfredo Di Stéfano" decían los hinchas del Atlético Madrid. Pero allí no le fue bien. Estaba falto de entrenamiento, había estado parado algún tiempo y se mostraba lento. Benavídez en un gesto de grandeza ofreció rescindir el contrato a los dirigentes del “colchonero madrilista”.

Pero a mediados de la ‘56 lo fichó el “Español”, club en el que permaneció tres temporadas siempre como titular indiscutible.

Tras su paso por el club catalán y ya con treinta y un años es fichado en el verano de 1958 por el Granada. Con una pareja de argentinos (Benavídez – Carranza) como delanteros, un equipo muy bien armado y no exento de buen fútbol, el Granada era una máquina de hacer goles. Y de esa manera consiguió el club rojiblanco la mayor proeza de su historia, el subcampeonato copero del año 1959. Vázquez, Carranza, Loren, Benavídez y Arsenio forman el inmortal quinteto en rojiblanco protagonista de la gesta. La prensa española contaba que su estilo de jugador lo acercaba, en la destreza, a los movimientos de un torero.

Con 33 años pasó a jugar en el Málaga, y contribuyó a devolverlo a primera división en 1962. Allí en la ciudad de Málaga se afincó una vez retirado del fútbol nacionalizándose español.  Cultivaba bajo perfil, vivía austeramente, no iba a ver fútbol y sólo lo seguía por televisión.

El 16 de agosto del 2005, antes de cumplir 80 años, el taficeño “Patón” Juan Armando Benavídez dejó de existir en Málaga.

“El doctor Benavídez” según Sanfilippo

Para el gran goleador José Francisco “Nene” Sanfilippo, "Pontoni y el tucumano Benavídez fueron dos de los mejores centrodelanteros de San Lorenzo de toda la historia. El tercero, Omar Higinio García".

"A Pontoni lo tuve como técnico en la Tercera y hasta alcancé a jugar un par de partidos con él en Reserva. Fue en el ´54, parecía que jugaba en patines. Venía de dos operaciones de rodilla y era un jugador distinto", destaca. "Con el tucumano Benavídez jugué parte del ´53, yo tenía 17 años cuando debuté en Primera y él ya era un ´crack´ y ése año además fue goleador del campeonato junto con Juan José Pizzuti. Hicieron 22 ó 23 goles cada uno", recordó. "Benavídez, era un pensante, resolvía siempre con mucha inteligencia todas las jugadas", concluyó Sanfilippo.

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Capitulo 18 – Página 100

Editorial Corregidor

Setiembre 2019

 

 

 

 

 

 
 
23/07/1952 - Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero: Medalla de oro olímpica en remo para nuestro país

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Escrito por Administrator Jueves, 18 de Julio de 2019 14:42

 

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Tranquilo Capozzo nació en Estados Unidos el 23 de enero de 1918 y, muy chico, llegó a la Argentina para vivir junto a su familia. Se inició en la vida deportiva como ciclista, pero en 1945 en el Club Canottieri Italiani del Tigre, comenzó a participar en las competencias de remo, llegando tres años después a ser semifinalista de los Juegos Olímpicos de Londres 1948, como singlista. En estos Juegos Olímpicos se obtuvieron siete medallas para nuestro país: ATLETISMO (Maratón) – ORO: Delfo Cabrera - BOXEO (51kg) – ORO: Pascual Pérez; (Peso Pesado) – ORO: Rafael Iglesias; YACHTING (Clase 6 metros) – PLATA: E. Sieburger, J. Sieburger, Homs, de la Torre, Rivademar; ATLETISMO (Salto largo) – PLATA: Noemí Simonetto; TIRO (Pistola Veloc.) – PLATA: Carlos Díaz Sáenz Valiente y BOXEO (80kg) – BRONCE: Mauro Cia.

Diez años más grande que el singlista Eduardo “Burro” Guerrero, no estaba muy de acuerdo de formar pareja con él, de quien era rival en las aguas del Canottieri Italiani. Pero ya juntos se convirtieron en “socios de la gloria”, ganando todas las carreras en las que participaron entre los años 1950 y 1952

Fueron campeones argentinos en 1950 y sudamericanos en la ciudad de Valdivia (Chile) en 1951.

Sin pensarlo Capozzo y Guerrero se convirtieron en los deportistas más recordados de los últimos 50 años, ya que ganaron el 23 de julio de 1952, durante los Juegos Olímpicos de Helsinki (Finlandia), la medalla de oro en la categoría “Doble Scull” o “Doble Par” de remo.

Sin pretenderlo, llegaron a convertirse en una “utopía histórica”, ya que ésta sería la última medalla de oro ganada por Argentina en Juegos Olímpicos.

Las carreras previas a la final olímpica la ganamos por paliza”, recuerda el “Tano” Capozzo.

En la carrera final largaron en cuarto lugar y con acción sostenida y vigorosa fueron superando a sus rivales y en la mitad del recorrido alcanzaron la punta, para luego aguantar el avance final de los rusos (los mejores del mundo hasta entonces) y ganarles por seis segundos con un tiempo de 7m 32s 2 décimas, ante la algarabía de su entrenador (el policía rosarino Mario Robert) y los gritos del relator José María Muñoz: “Argentina… Argentina… Argentina… campeón olímpico”, que transmitía para la “Oral Deportiva” de radio Rivadavia, en directo para nuestro país esa carrera junto a Luis Elías Sojit.

El enviado especial del diario “Clarín”, Julio Gandasegui, los calificó de “Héroes” en una nota para ese medio. Luego de este triunfo el “Viejo” Capozzo, como le decía su compañero Guerrero, se retiró de la actividad y se fue a vivir por una década a Bolivia.

Y pasaron medio siglo y muchos Juegos y muchas Olimpíadas y en todo este tiempo fue solo otro remero, el recientemente fallecido Alberto Demiddi, quien más cerca estuvo de lograr la “hazaña”, en los Juegos Olímpicos de Munich 1972, donde siendo el gran favorito para lograr el oro olímpico, ganó la medalla de plata.

El “querible” Tano Capozzo falleció el 14 de mayo de 2003, en la provincia de Córdoba y sus cenizas fueron esparcidas por el Río Luján, lugar que él amaba, el sábado 24 de mayo. “Fue en sí mismo una escuela de vida, un gran ejemplo para los jóvenes” explicó su compañero en el agua y en la vida, Guerrero.

El remo argentino ganó 4 medallas en la historia de los Juegos Olímpicos: bronce en Berlín 1936, oro en Helsinki 1952,  bronce en México 1968 y plata en Munich1972 (estas dos últimas por Demiddi).

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” (1610-2002) de Víctor Lupo

Ediciones Corregidor 2004

Capítulo XXXVIII - Página 299

 

Eduardo Guerrero

Nació el 4 de mayo de 1928 en la ciudad de Salto, provincia de Buenos Aires y junto a Tranquilo Capozzo ganó el miércoles 23 de julio de 1952, en los Juegos Olímpicos de Helsinki (Finlandia), la medalla de oro en la categoría “Doble Scull” o “Doble Par” de remo. Esta sería la última medalla de oro ganada por Argentina en unos Juegos Olímpicos.

“Fue un acierto el cambio de que el Tano fuera a la proa y yo a la popa del bote, además del rompeolas que el “Viejo” Capozzo inventó para que el bote surcara mejor los 1.500 metros del revuelto lago de Helsinki”, recuerda Guerrero, mientras acota: “El  Tano Capozzo, diez años más grande que yo, había sido semifinalista de single en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 y no estaba muy de acuerdo de formar pareja conmigo, porque yo era muy charlatán y él, muy serio, secote. En su vida particular trabajaba como mecánico especializado en cerramientos. Para esto viajaba 4 horas desde puente Alsina y trabajaba durante 9 horas. Con lo que le quedaba de tiempo entrenaba conmigo. Todo un ejemplo de vida”

“Pero ya juntos, representando al Club Canottieri Italiani, fuimos invencibles. Campeones argentinos en 1950, sudamericanos en Valdivia (Chile) en 1951 y medalla de oro en Helsinki 1952”, explica Eduardo.

“Antes de ir a los Juegos, intentamos que Domingo “el Mingo” Pérez (el mejor constructor de la época) nos pudiera construir un bote, porque sabíamos que con un bote suyo ganábamos seguro. Pero en el club no alcanzaba la plata y por consejo del mismo Pérez le hablamos al presidente de un club de San Nicolás que tenía abandonado un bote que había construido. Nos prestaron ese bote y comenzamos a repararlo. Pesaba alrededor de 36 kilos cuando nuestros rivales corrían con botes de 24 kilos”, cuentan a dúo los medallistas de oro argentinos.

Al llegar a Helsinki el bote reparado con tanto esmero se había roto al bajarlo del barco. Y Eduardo Guerrero, con su carácter extrovertido y simpático, logró convencer a sus rivales a vencer, los rusos, para que se apiadasen de ellos y sus mecánicos le reparasen el bote, ya que no tenían ni siquiera herramientas para hacerlo.

Ganaron con facilidad las dos pruebas previas a la gran final olímpica. En la carrera final largaron en cuarto lugar hasta los 500 metros, remando con 44 golpes mientras sus rivales lo hacían en 30, para ahorrar energías. Pero con una acción sostenida y vigorosa fueron superando a sus adversarios y ya en los 800 m. del recorrido alcanzan a los otros competidores tomando la punta a los 1000 m., ya remando en 28 golpes (según el rosarino Robles, especialista que ayudaba a Muñoz  en la transmisión para la radio) y aguantando el avance final de los rusos, para ganarles la competencia por seis segundos, con un tiempo de 7m. 32s 2 décimas (a unos tres botes de distancia).

“Al regreso al país nos recibieron Perón y Evita, pero después no pasó nada. Las autoridades del remo ni siquiera nos convocaron para entrenar a los equipos de la especialidad” se queja Guerrero, quien siguió compitiendo para el club de La Marina y luego pasó al Hispano Argentino.

“Yo estaba como para participar en dos olimpíadas más. Andaba muy bien en single. Pero junto a otros deportistas fuimos declarado profesionales por revanchismo político, del cual no teníamos nada que ver. Tenía que cuidarme hasta de pisar una baldosa floja para no ser castigado”,contó con toda su bronca Eduardo Guerrero, en el programa de radio “Por deportes” de Víctor Hugo Morales en Radio Continental, al cumplirse 50 años de la última hazaña deportiva argentina.

Guerrero, quien también fue jugador y entrenador de rugby de Deportiva Francesa, realizó como conductor de esta institución, una histórica gira por Europa.

Con más de 70 años siguió entrenándose arriba de su bote fomentado este deporte entre los jóvenes. También construyó el Museo Olímpico Rodante, que contiene material fílmico de la historia olímpica sumado a videos educativos de Ecología y Educación Vial. Guerrero normalmente lo traslada a distintas provincias argentinas para que lo conozcan.

Para un luchador deportivo como él, no hay nada ni nadie que lo detenga en su afán educativo.

En enero del 2003, gracias al apoyo de la Secretaría de Deporte de la Nación, realizó una travesía de más de 1.928 kilómetros, desde la ciudad de  Puerto Iguazú, en Misiones, río abajo para remar por más de 30 días, hasta llegar al puerto de Olivos, en Buenos Aires. En cada pueblo que se detenía, dedicaba su tiempo de descanso a conversar con jóvenes que se interesaban por su hazaña olímpica, seguramente contadas por sus abuelos o padres. Guerrero agradeció en forma especial a Daniel Scioli por la ayuda que le dio para hacer este raid, que lo había soñado desde hace varias décadas.  

Eduardo Guerrero junto a Noemí Simonetto (integrantes de la Asociación de Atletas Olímpicos) fueron quienes más trabajaron para que saliera el Decreto Presidencial 1008 del año 1991, por el cual se reglamentó la Ley 23.891, de Pensión a los Medallistas Olímpicos. Gracias a su lucha y esta Ley, figuras del deporte argentino o familiares directos de quienes ganaron medallas olímpicas, hoy están cobrando una pensión del Estado, para poder sobrevivir dignamente.  

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” (1610-2002) de Víctor Lupo

Ediciones Corregidor 2004

Capítulo XXXIX - Página 303

 

 

 

 

 
18/06/1937 debuta ANGEL LABRUNA - El goleador eterno del Club Atlético River Plate

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Escrito por Administrator Lunes, 17 de Junio de 2019 18:26

 

 

 

Ángel Amadeo Labruna, símbolo máximo del jugador e hincha del Club Atlético River Plate, nació en Las Heras y Bustamante, el 28 de septiembre de 1918. Por esa razón y desde 2003, el 28 de septiembre se celebra el Día Internacional del Hincha de River…

La familia ocupaba una casona con un local al frente: la relojería de Don Ángel Labruna, quien soñaba que algún día la heredarían sus tres hijos, Nélida, Angelito y Eduardo, “el Cholo”.

 

Sin embargo, vivían demasiado cerca de la cancha de River, que por entonces se encontraba en avenida Alvear y Tagle. Y en una ciudad de adoquines y tránsito escaso, que permitía a los chicos jugar a la pelota sobre el empedrado, ya que los autos pasaban muy espaciadamente, el “Gordo”, como le decían a Angelito por entonces, era un apasionado del fútbol y soñaba con mecanismos de relojería distintos, como el que hacia 1941 haría funcionar la famosa Máquina de Muñoz, Moreno, Pedernera… ¡Labruna! y Loustau.

 

Cuando su padre lo descubría jugando un picado de vereda a vereda, lo obligaba a volver a la casa, en penitencia, ya que deseaba para él un destino seguro en la relojería. Y él aceptaba su reclusión… ¡para practicar remates entre las dos higueras del patio del fondo! La mamá de Angelito, doña Amalia Cavatorta, pateaba a favor del hijo futbolero. Hasta que, finalmente, Don Ángel cedió… en parte. No quería que el pibe jugase en la calle, pero no tenía nada contra el deporte. De modo que en 1928 lo hizo socio de su Club Atlético River Plate, del que don Ángel padre tenía el carné número 580, para que practicase, pero en un lugar seguro.

 

Allí Angelito, portando su propio carné número 1358, aprendió a jugar al básquetbol (fue muy destacado básquetbolista riverplatense en infantiles y cadetes) y al ping pong. Frecuentaba la pileta de natación, aunque nunca aprendió a nadar. No jugaba oficialmente al fútbol, simplemente porque no tenía edad para quinta y River no tenía sexta. De modo que jugaba en Barrio Parque Fútbol Club, los sábados por la tarde. El presidente de River, don Antonio Vespucio Liberti, fue alertado por Félix Roldán, el detector de talentos, que había un jovencito hincha de River que la rompía. Cuando Liberti comprobó que Roldán, una vez más, había acertado, quedó tan impresionado por la calidad de Labruna que decidió crear la sexta división del club, para no perderlo… ¿El resto de los jugadores? Todos los amigos de Ángel, que jugaban en el Barrio Parque F. C., fueron reclutados en masa para los “millonarios”, con el beneplácito de Don Ángel padre, que se había convertido en el delegado del Parque para estar cerca de su muchacho.

 

Curiosamente, cuando le llegó el momento de elegir entre el fútbol o el básquetbol, Labruna se decidió por este último, ya que no se tenía fe para triunfar “en el verde césped”. Fue Liberti quien lo impulsó a optar por el fútbol. El 9 de agosto de 1934 fue inscripto en la AFA oficialmente como jugador de River Plate.

 

En 1936 subió a la cuarta especial. Eso le significaba un sueldo de 80 pesos mensuales y 25 por partido. Una verdadera fortuna para la época, que sin embargo no tenía parangón con otro logro del “Gordo”: le faltaba poco para jugar junto a su ídolo, Bernabé Ferreyra, quien alguna vez le había autografiado una foto con dedicatoria. Se dio el gusto el 25 de mayo de 1937, en el pueblo santafesino de Bernabé (también de Amadeo Raúl Carrizo y de Ernesto Enrique Mastrángelo), cuando “El mortero de Rufino” se iba despidiendo de su gloriosa carrera… Jugaron contra Jorge Newbery. La delantera: Peucelle, Moreno, Bernabé Ferreyra, Labruna y Deambrosi.

 

El 18 de junio de 1937 Ángel Amadeo Labruna debutó oficialmente en primera. Fue ante Estudiantes de La Plata y River cayó por 1 a 0. El 5 de noviembre de 1939, en cancha de San Lorenzo, jugó su primer superclásico ante Boca Juniors. Ese día marcó el gol del triunfo por 2 a 1, el primero de 16 goles que lo convertirían, hasta la actualidad, en el máximo goleador del superclásico. En agosto de 1942 debutó para la Selección Nacional contra Uruguay (jugó 37 partidos y marcó 17 goles, entre el 42 y el 58). En 1945 fue goleador del campeonato por primera vez… Y ese año se casó con Ana Carraquedo, a quien conoció a sus 17 años bailando el tango “Nostalgias”.

Ángel y Ana tuvieron dos hijos, ambos jugadores de River: Ángel Daniel (fallecido a los 19 años, en 1969) y Omar Raúl (quien jugó en la primera de River, le marcó un gol del triunfo a Boca y actualmente es entrenador). Porteños de ley, los chicos se criaron ya en el barrio de Núñez, en el bulevar Lidoro Quinteros, que da directamente a las puertas del Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti…

 

20190617Labruna Sivori 1955

 

EL ETERNO ANGELITO

 

La trayectoria futbolística de Ángel Labruna fue impresionante. Hizo goles de todos los colores y ganó numerosos títulos como jugador y luego como entrenador.

 

Durante años se lo consideró el segundo gran goleador del fútbol argentino, con 292 tantos, uno menos que el mítico paraguayo de Independiente, don Arsenio Erico. En 2008, sin embargo, el Centro de Investigación para la Historia del Fútbol informó que había detectado un gol a Estudiantes de La Plata, que por error no se había incorporado a la base de datos estadístico. Se inició así una movida para considerar a Erico y Labruna empatados con 293.

 

Jugó 515 partidos en primera. Ganó 11 títulos como jugador: Primera División 1941, 42, 45, 47, 52, 53, 55, 56, 57, estos 9 con River Plate, más los Sudamericanos de 1946 y 1955 con la Selección Nacional. Ganó 7 títulos como Director Técnico: Nacional 1971, con Rosario Central; Metropolitano y Nacional de 1975, Metropolitano 1977, Metropolitano y Nacional 1979 y Metropolitano 1980, con River.

 

Fue tan extraordinario su nivel de juego, que su aparición obligó a correr de lugar al “Charro” Moreno. Si se considera que un observador agudo como el periodista Juan De Biase opinaba que José Manuel Moreno había sido el único jugador comparable a Pelé hasta la aparición de Diego Maradona, se tendrá una idea de la dimensión que había cobrado el juvenil Labruna, que se apropió de la entreala izquierda de River (había sido su técnico de la cuarta, Ángel Calocero, quien le encontró la posición) para que Moreno fuese el entreala derecho de La Máquina. El ala izquierda que Labruna y Loustau conformaron llevó a decir al humorista Calé que jugaban como “un solo cerebro con cuatro piernas”.

 

La crónica familiar registrará otra curiosidad: maravillado por la carrera de su hijo Angelito, don Ángel padre intentó impulsar a su otro hijo, “el Cholo” Eduardo, que también jugaba bien. Al menos, lo suficiente para pasar la prueba en Excursionistas. Pero a Eduardo le tiró más la relojería…

 

Como futbolista se retiró en 1961, a los 43 años, justificando plenamente su apodo de “El Eterno”. Había jugado 28 años consecutivos en primera división… Todavía intentó en Rampla Juniors de Uruguay (1960). También llegó a jugar dos partidos para Platense en primera B, haciendo a la vez de técnico y jugador. Pero en el segundo encuentro se perdió un gol imposible y decidió sacarse a sí mismo. Intentó sin mucha fe una última ficha en Rangers de Chile, pero ya las piernas y el ánimo no le daban. Habrá que resaltar que cuando jugó el decepcionante Mundial de 1958, en Suecia, Angelito tenía ya 40 años, pero el fútbol argentino depositó sobre sus espaldas la responsabilidad de golear a europeos veinteañeros y de fútbol más físico que técnico…

 

Después del fútbol, intentó diversos trabajos, abrió una gomería, una pizzería, un hotel en Mar del Plata, pero en ninguno le fue bien. River le tiró la changa generosa de ser espía del técnico Néstor “Pipo” Rossi, en 1962, pero como a muchos porteños a Angelito le tiraba el hipódromo. Se cuenta que armaba sus informes leyendo los diarios del lunes, porque los domingos en vez de ir a observar al próximo rival prefería ir a las carreras… Tal vez lo haya hecho sólo una o dos veces. Pero no se puede negar que la leyenda es linda. En 1963, cuando se fue Pepe Minella, tomó el equipo como técnico por primera vez en su vida. Pero una controversia con los dirigentes derivó en su salida. Y la vuelta al mundo “comercial”, intentando alejarse del fútbol.

 

Así fue que en 1966, cuando estaba a cargo del buffet de Defensores de Belgrano, le ofrecieron hacerse cargo del equipo, que andaba mal. Aceptó, mejoró la campaña y al año siguiente lo sacó campeón de la B. Con un agregado: al mismo tiempo dirigía la primera de Platense en la A, que perdió insólitamente la semifinal con Estudiantes de La Plata, por el torneo Metropolitano (Platense ganaba 3 a 1 con baile, cuando un error de su arquero permitió la recuperación de los Pinchas).

 

Los sábados con Defensores y los domingos con Platense, había iniciado una inesperada y sensacional carrera como entrenador, aunque siempre que firmaba contrato con otros clubes, incluía una cláusula que le permitiría rescindir lo acordado en caso de que fuese River quien lo convocase...

 

Le fue bien en casi todos los clubes en que estuvo, incluyendo a River, que le fue tan ingrato en esos años como los títulos esquivos, que relegaban reiteradamente a la Banda al subcampeonato, incluso en 1968, cuando un penal evidente del velezano Gallo en las finales no fue sancionado por el árbitro e impidió un paso decisivo hacia la consagración.

 

En 1971 sacó a Rosario Central campeón por primera vez en la historia. En Talleres de Córdoba armó un equipazo en 1974, lo mismo que haría años después en el Argentinos Juniors que en las finales del Nacional 1983 eliminó a Boca y a River...

 

En 1975 volvió a River y lo consagró campeón después de 18 años de sequía. No sólo eso: sumó 6 títulos para compensar lo sufrido.

Tras una polémica decisión del club y del poder político de la época, que por un capricho del almirantazgo fogoneó la llegada de Alfredo Di Stéfano como DT de River (otro grande Alfredo, dicho sea de paso), Labruna no aceptó seguir “como manager” y se fue en 1981. En septiembre de 1983 parecía todo dispuesto para su regreso, entre otras cosas porque a los 65 años todavía estaba en buena edad para aceptar desafíos. Sin embargo fue imprevistamente tomado por una dolencia que se lo llevó el 19 de septiembre de 1983, como cuenta la leyenda que impresionó a los hinchas, cuando lo visitaba el Pato Ubaldo Fillol, cayendo Angelito al desplomarse en los brazos de uno de sus dos grandes arqueros (el otro fue Amadeo Raúl Carrizo).

 

A la memoria de los riverplatenses más veteranos, cada vez que cruzan el “Puente Ángel Labruna”, de la Av. Udaondo vuelve su imagen marcando el “golcito de cábala” al entrar a la cancha, según le había aconsejado “el Tano” Renato Cesarini para cortar una racha negativa. Y sobre todo, su imagen campechana en la Bombonera de sus eternos rivales de Boca Juniors, tapándose la nariz con los dedos en un símbolo provocador, pero finalmente simpático, signo de una época que hasta los veteranos hinchas de Boca deben recordar con cierta calidez, como se añoran las más sanas picardías de algo que se llamó folclore.

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” (1610-2002) de Víctor Lupo

Editorial Corregidor

Junio de 2019

 

 

 

 

 

 

 
 

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